Gustavo Martinelli
Columnista invitado
Aseguran los expertos que la única memoria que no se deshace es la memoria del olfato. Los rostros de aquellos a los que amamos se desvanecen en el tiempo; las voces, se silencian; las palabras, se desoyen; los colores, se destiñen… pero los olores nunca se olvidan. Cada uno esconde una historia que algunas personas, especialmente dotadas, pueden descifrar. Ese es el caso del legendario maestro perfumista Ramón Monegal; considerado una de las “narices” más destacadas del mundo (ocupa el “Sillón Iris” de la Academia Internacional del Perfume).
Perfumes sin género: el olfato no hace distincionesNacido en Barcelona, pertenece a la cuarta generación de una familia de perfumistas que dejó una huella indeleble en Europa. Su abuelo fundó Myrurgia: icónica casa que en el siglo XX proveyó de elixires a la familia real española y revolucionó el mercado con sus emblemáticos aromas (Maderas de Oriente, Joya o Maja).
Monegal se inició en el negocio a los 21 años. En aquel tiempo solía pasar los veranos en Ginebra, junto al maestro Arthur Jordi Pey (de la firma Firmenich). Después continuó su formación en Grasse y París. En 2000, la empresa familiar fue vendida a la multinacional Puig, por lo que él decidió rebelarse contra la industria y la estandarización de los aromas para fundar su propia marca homónima (www.ramonmonegal.com). Su objetivo: recuperar la manufactura artesanal, cuidando al detalle cada gota.
Los perfumes de Monegal se basan en el concepto de “imagen olfativa”. Es decir, él toma recuerdos personales que generan un olor determinado y, a partir de ellos, surgen las nuevas fragancias.
El resultado es un abanico de pociones majestuosas que han conquistado al mundo por su atrevida sofisticación e incomparable calidad. En uno de sus últimos productos Faïsa, el “artista” creó la imagen olfativa de un estallido de luz solar a partir del limón, ylang ylang, cedro de encina, oud, ámbar y azafrán.
Actualmente Monegal está obsesionado en dejar plasmado todo lo que aprendió a lo largo de los años. Para él, oler un perfume sin comprender su lenguaje es como leer un haiku sin descifrar los caracteres japoneses. “Solo al traducirlo, puedes entenderlo. Saber si te emociona, si te sirve o no”, argumenta.
“Con los perfumes, cada uno crea su propia alquimia”El autor se pregunta: “¿Por qué no hay literatura del olor? ¿Cómo es posible que nada se haya divulgado del significado de los olores siendo éste uno de los sectores que más ha invertido en publicidad?”. Porque, oler un perfume sin comprender su lenguaje es para Monegal como leer un haiku sin poder descifrar los caracteres japoneses: “solo si lo traduces puedes entenderlo, saber si te emociona, si te sirve o no”. O como contemplar una obra de arte sin querer desvelar su mensaje: “Del arte no puedes decir me gusta, no me gusta; no, el arte transmite emociones o no”.
En diálogo exclusivo con LA GACETA, desde su casa a orillas del mediterráneo, Monegal se describe como un perfumista de instinto amaderado y habla de su obsesión por comprender el lenguaje de los olores, más que el absurdo idioma del mercado: “hay que contar verdades. Verdades que deben servir para ayudar a comprender mejor el oficio y la importancia del perfume, ya que hoy la industria de la moda y el marketing consumista tratan de convertirlo en un accesorio más”.
Rellenaban frascos de perfume truchos y fueron imputados por comercializar productos nocivos- ¿Quién es Ramón Monegal? ¿Un perfumista? ¿alquimista? ¿compositor de fragancias? ¿mago de los aromas?
- Mi oficio es el de perfumista. Pero la Real Academia de la Lengua define perfumista como “persona que prepara o vende perfumes”, y por ahí no me acabo de identificar… Soy un compositor o diseñador de perfumes, aunque me defino más humildemente como un simple “inventor de olores”. Y, más exactamente, como un comunicador olfativo que, a través del lenguaje de los ingredientes del perfume, ayudo a construir y definir la imagen olfativa de las personas.
- ¿Considera que la capacidad de identificar olores es un don que no posee todo el mundo?
- Si un animal no tuviese la capacidad de memorizar, identificar y descifrar olores, estaría condenado a desaparecer. Al evolucionar, los humanos perdimos esta capacidad olfativa en favor de otras habilidades. ¿Es un don?... En pequeña medida quizás sí, pero en gran parte consiste en un proceso de formación, educación, entrenamiento y mucha paciencia. Por lo tanto, cualquiera puede tener esta “habilidad”; solo es cuestión de contar con la fuerza de voluntad para ejercitarnos y perseverar.
El gauchaje ya tiene perfume de mujer en Tucumán- ¿Cómo entrena su nariz?
- Consiste en ejercicio y entrenamiento rutinario. Mi primera norma: mantengo, aunque solo sea por curiosidad infantil, mi sentido del olfato permanentemente conectado, y no solo en el momento de alimentarme. Segunda norma: cada día a primera hora de la mañana y después de una buena ducha evalúo las composiciones y acordes olfativos más importantes y apremiantes: es el mejor momento de mi sentido del olfato; es cuando está más fino y percibo mejor. Tercera norma: cuando escojo los ingredientes de una fórmula “repaso” su olor tanto mental como físicamente, y busco en mi paleta de olores posibles alternativas, lo que me obliga a continuar repasando. Norma definitiva: finalmente y quizás lo más importante, peso todas y cada una de mis fórmulas, asumiendo y asociando olores con proporciones. Imaginar, intuir, elegir, probar, evaluar, aprender… en eso consiste el entrenamiento rutinario del oficio.
Un jazz sutil con perfume de mujer- ¿Qué hay detrás de un olor?
- Esta cuestión podría dar lugar a todo un tratado existencial que nos remontaría a nuestros inicios como seres humanos. ¿Por qué existe el olor? ¿Para qué sirve?... El olor existe para identificar y cualificar cosas. Si no existiese el olor no tendríamos ni nariz ni sentido del olfato. El olor es comunicación, detrás del olor está la identidad más propiedades, atributos o cualidades. El perfume es un olor “inventado”, que sin ser intrínseco de nada en particular sigue comunicando identidad además de definir actitudes y valores. El olor del perfume es en definitiva el responsable de nuestra “imagen olfativa”.
- ¿Qué notas aromáticas lo conmueven más? ¿Tiene alguna nota preferida?
- Me considero un perfumista de instinto amaderado. En mis estructuras la madera es esencial para dar poder y fuerza a la comunicación olfativa del perfume, es como un acto o una declaración de afirmación. Pero lo que mantiene el árbol en pie y bien afirmado en la tierra, son sus raíces, por ello la nota de raíz, como la del incomparable iris de Florencia, es mi preferida. El iris me emociona, me conecta con nuestro origen terrenal y su olor me provoca por su carácter ambiguo y dominante y, quizás también, por su altísimo costo y por la dificultad que entraña para la combinación. Es como el caviar, no es para todos los días ni para cualquier composición, es para ocasiones muy especiales. Tengo otras preferencias o debilidades como la nota de cuero, que aunque realmente sea un acorde trasmite una presencia espectacular. Quizás debería mencionar las notas florales que gustándome y siendo muy importantes en la composición, las encuentro demasiado evidentes como para llegar a conmover.
- ¿Qué es lo primero a la hora de crear un perfume: el concepto o el olor?
- Definitivamente el olor es consecuencia del concepto a comunicar y es el responsable de la “imagen olfativa”. Primero escribo el guión de la historia o concepto que quiero representar, después escogeré los ingredientes para interpretar los valores de la imagen. Finalmente su combinación dará como consecuencia el olor del perfume. Pero la verdad es que sigo sin saber a ciencia cierta qué es primero el huevo o la gallina.
- ¿Qué lo llevó a alejarse de la perfumería comercial masificada para crear su propia firma que recupera la antigua tradición del destilado artesanal de esencias?
- Formo parte de la cuarta generación de perfumistas Monegal. Recuerdo la arenga de mi abuelo diciéndonos que debíamos convertirnos en “guardianes del perfume”, porque la intrusión de la moda, desconocedora de nuestro arte, estaba poniendo en peligro la auténtica perfumería. Así, después de haber desarrollado gran parte de mi vida profesional en estructuras multinacionales, harto de administradores, gestores, financieros y otros “marquetinianos”, todos ajenos al arte del perfume, asumí plenamente el discurso de mi abuelo. Entonces, di un paso al lado, me aparté de la industria, recupere la artesanía, compuse una buena colección de perfumes libres de cualquier filtro, con total libertad y que por fin pude firmar con mi nombre y fundé mi marca con la que abrí una tienda en Barcelona, como hacían los maestros perfumistas de la edad de oro. Finalmente presenté y comercialicé mi colección por todo el mundo haciendo de la verdadera perfumería independiente de autor y su exclusividad nuestra bandera, con el firme propósito de convertirnos en “guardianes del perfume”.
- Entre los perfumes de su creación hay títulos que homenajean a España. Entre ellos, aparece Faïsa, un perfume que define como “oda al sol, a la alegría y a la vida”. ¿Cómo fue su génesis?
- Desde hace años, tenía la sensación de que, siendo mi principal fuente de energía el sol, no le había dedicado la debida atención. La fascinación y la veneración que generó desde siempre este astro en las diferentes civilizaciones son bien conocidas. El tema no me resulta ajeno. Faïsa empezó como una fantasía simple y homogénea, pero a medida que fui profundizando, intentando trasmitir todas las sensaciones, la narración se tornó más compleja y pasó de ser un diáfano haiku a convertirse en una oda completa. Se acumulaban las sensaciones a interpretar: alegría, felicidad, luminosidad, euforia, placer, vitalidad, excitación, adicción. Sumado a una idea de poder, magia, fortaleza, entereza, generosidad, nobleza... Cuando se te platea un reto de tal magnitud, la satisfacción que llega al finalizar, es bastante considerable. Debo reconocer que hoy, después del tiempo transcurrido e invertido en el proceso, es cuando realmente aprecio el valor de la composición de Faïsa.
- Normalmente un perfume lleva a evocar a una persona, a un lugar o a un momento del día. ¿Cómo asumió el desafío de evocar a un sentimiento o a un elemento como la luz?
- La evocación de persona, lugar o momento se produce sobre todo por asociación del uso del perfume, no por el perfume en sí mismo. El olor del perfume “define” y “comunica cualidades” mediante los valores de sus ingredientes, pero hay que entender que evocar a través del olor siempre será un desafío. Y es verdad que como mediterráneo he sentido la necesidad primigenia de interpretar los sentimientos de plenitud y de alegría que producen la luz y el calor del sol, porque en mí son imprescindibles, siendo daltónico como soy, para ver la vida a todo color.
- Faïsa posee entre sus componentes la presencia del azafrán ¿El perfume es también un canto al azafrán?
- En composición cuando hablamos de un ingrediente debemos entenderlo como una parte del todo. De una composición naturalista y molecular a la vez, donde el “oro rojo”, el azafrán con el safranal responsable de su olor, apoya su presencia con la calidez y excitación estival de especias de nuez moscada, corteza de canela y vainas de vainilla, que con flores de jazmín, mimosa, ylang-ylang y rosa generan mi “rosa de azafrán”, luminosa y seductora. Pero esta oda no puede ser entendida sin la aportación del poder, la magia y la fortaleza de sus maderas de oud, cedro y sándalo, de la capa protectora del musgo de encina o de la satisfacción gustativa adictiva de la frambuesa con azúcar quemado. Para finalizar la oda con un coctel brillante de moléculas almizcladas que dan soporte a la nobleza y entereza de un fantástico complejo y sofisticado mix de ámbar que es la razón de ser de la obra.
- ¿Cómo ve el mundo de la perfumería nicho?
- Prefiero dar mi visión de la perfumería de autor, de la perfumería independiente (independiente de multinacionales). Nicho es una definición despectiva del márketing generalista industrial. Aclarado este punto, voy a pensar en voz alta y expresar: hoy el perfume de autor es la joya de la perfumería. De la perfumería de verdad, la de la edad de oro, la artística.
- La industrialización de la moda… ¿ha llevado también a la masificación de los perfumes?
- La moda es un instrumento para ayudar a definir parte de nuestra imagen visual, y vista así está muy bien. La industria de la moda es un grandísimo negocio que se ha adueñado además de su entorno colateral de “accesorios”: bolsos, zapatos, gafas, joyas, relojes… y, por supuesto, perfumes. Para mí la masificación de la perfumería es la consecuencia de sumar por un lado la industrialización general que conlleva una extensión de la distribución, y por otro la intromisión de la industria de la moda que populariza el perfume como un “simple accesorio” más y que ayuda a masificarlo. Por esta razón y para contrarrestarla nace la perfumería independiente.
- ¿Cree que un perfume gana o pierde al interactuar con la piel?
- Al perfume lo componemos y evaluamos para fusionarse con la piel. Deseo pensar y creer que con la interactuación del calor y del olor feromónico personal de la piel, el olor del perfume se enriquece, se personaliza y lo más normal es que lo mejore.
- ¿Y nosotros, por qué nos perfumamos?
- Podemos pensar que únicamente por estética o por moda. Pero lo cierto es que nos perfumamos para generar nuestra “imagen olfativa”, para adelantar nuestra presencia y recordar nuestra ausencia. Para identificar personalidad, definir actitud y sobre todo para comunicarlas. Quizás también para ser más empáticos: ganar seguridad y ser únicos. Intercambiar mensajes, emocionar, ser memorables… Mejorar nuestra estética también y un sinfín de razones más que lamentablemente nadie nos ha enseñado.
- ¿En qué composición está trabajando actualmente?
- La verdad en demasiadas… En estos momentos estoy priorizando colaboraciones novedosas, originales y divertidas, de diferente índole que me permiten expresar y arriesgar más para seguir evolucionando, que no es tarea fácil. Vengo de presentar “Atractone” y “Hazy Rose” para mi marca, en la que estoy trabajando para acabar un proyecto muy interesante.
- ¿Conoce la Argentina? ¿Con qué olor la identificaría?
- Desgraciadamente no conozco físicamente ese gran país. Estaba en mi agenda de viaje, pero el “bicho” me ha hecho retrasar todos mis planes desde hace dos años. En cuanto nos liberen seguro que uno de mis primeros destinos será la Argentina. Nuestra Casa de perfumes familiar, Myrurgia, fue muy importante en su día en su país, lo viví entonces con mi padre y me gustaría volverlo vivir ahora con mis hijos. Por eso, sería osado de mi parte adelantar un olor para identificar una emoción que no conozco todavía y no sería honesto contestar a algo tan bonito con una respuesta imaginada solo para quedar bien. Me emplazo poder identificarlo en el menor tiempo posible, esto querrá decir que por fin conoceré Argentina.